Del «YA ESTÁ BIEN» de hacer las cosas rápido, sin alma, solo por vender.
Soy Carlos Merchán, diseñador.
Durante años estuve rodeado de la última tecnología, creando productos para un mundo que no dejaba de acelerarse. Trabajaba con herramientas de vanguardia, plazos imposibles y proyectos que priorizaban lo efímero.
Hasta que un día entendí que estaba diseñando para un mundo en el que YA NO QUERÍA VIVIR.
HUCA es justo lo contrario.
ES UNA REBELIÓN CON PROPÓSITO.
Diseño con alma, no con algoritmo.
Nació de la necesidad de parar, de construir algo propio y con sentido, de recuperar lo humano en lo que hacemos.
Y también —por qué no decirlo— del deseo de estar presente para lo que más importa:
MI FAMILIA.
Y entonces ocurrió algo tan absurdo como mágico: un robot de juguete con inteligencia artificial, al mezclar los nombres de mis hijos, dijo:
«HUCA».
Y como todo lo que de verdad importa, no fui yo quien eligió el nombre.
EL NOMBRE APARECIÓ.
Y SE QUEDÓ.
Ahí lo tuve claro: si tenía que ponerle nombre a algo que me representara, tenía que venir de lo que más amo.
No de una lluvia de ideas.
DE UNA TORMENTA EMOCIONAL.
Aquí cada gafa pasa por más de 100 pasos.
SIN ATAJOS.
Sin pretender gustar a todo el mundo.
AQUÍ NO HAY MOLDES.
Hacemos gafas para quienes no encajan en moldes, ni de estilo ni de talla.
Para quienes miran con desconfianza lo hecho en serie, lo que se fabrica sin saber muy bien por qué, el «TOTAL, CON QUE PAREZCA CARO BASTA».
HUCA NO ES PARA TODOS.
Y ESO NOS ENCANTA.
Pero no fue fácil.
En un mundo donde todo empuja hacia la comodidad —comprar fuera, delegar, externalizar, ir más rápido aunque sea a costa de perder el control de lo que haces—, convertirme en el diseñador que fabrica fue todo un reto.
Significaba renunciar a la parte más cómoda del oficio para quedarme con LA MÁS HONESTA.
Y ahí empezó lo difícil.
SEGUIMOS.
